Universidades y centros educativos
Horarios partidos, picos de afluencia entre clases y presupuestos de estudiante.
Qué come un estudiante no se adivina desde un despacho
Los gustos de la población estudiantil cambian y no siempre coinciden con lo que un jefe de cocina daría por hecho. Por eso la oferta de un campus se revisa mirando qué sale y qué se queda, no solo qué debería salir.
El resultado suele ser una carta fresca y sencilla, pensada para horarios de facultad y para presupuestos de estudiante, con la calidad nutricional controlada plato a plato.
Un campus no es un solo servicio
Dentro de un mismo centro conviven públicos con necesidades muy distintas: quien tiene veinte minutos entre dos clases, quien hace jornada entera y quien viene un día concreto por un acto.
- Comedores de facultad, con menú diario
- Cafeterías de aulario y bares, para el desayuno y la pausa corta
- Comida para llevar para quien sale del centro
- Catering para jornadas, congresos y claustros
- Vending para los horarios en que no hay servicio abierto
El problema real es el pico de las dos
Un comedor universitario no tiene afluencia constante: tiene valles largos y picos muy cortos. Todo el dimensionamiento del servicio sale de ahí, de cuánta gente entra a la vez cuando acaba la clase.
Según el espacio y el horario del centro, la fórmula cambia. El autoservicio resuelve volúmenes altos en poco rato; el servicio en mesa tiene sentido en comedores más pequeños o en zonas de profesorado.
Grupos que vienen de fuera
Las instalaciones de un centro también dan servicio a grupos que no estudian en él: cursos de idiomas, viajes de estudio, visitas culturales o excursiones organizadas.
Para estos casos funciona el autoservicio o el picnic preparado, según si el grupo come en el centro o se lo lleva.
Qué hacemos
Los servicios que suelen ir con esto
Otros sectores: Empresas y centros de trabajo · Instituciones y organismos